A cada paso que daba sonaban cientos tras de mi.¿Quién me seguía? ¿Quién caminaba tras de mi? Cada uno de mis pasos era como el paso de una legión. Como un ejército de hombres. Un ejército de un solo hombre, el hombre que buscaba serlo."Se acabó. No os ama. Solo sois el capricho de la creación. Un juego." No fue un grito, ni una amenaza, solo una sentencia. Con ella no me sentía suficientemente poderoso como para declarar un guerra. Con ella me sentía tan fuerte como para ganarla.
Nos mueven como piezas de un juego, peones en un gran tablero de ajedrez, cuyo único fin es zanjar su lucha y aun así creen que son libres, que elijen como mueren o porque lo hacen.... pero no es así. He intentado abrirles los ojos, decirles que se equivocan, y solo he conseguido que me persigan como si fuera un demente, un animal al que sacrificar, o un mesías al que seguir. A día de hoy no se que fue peor.
Es estúpido mantener una guerra que no puedes vencer pero lo es aun más entrar en una guerra luchando por un bando que no quiere hacerlo y ,aun peor, que te odia. Lo cierto era que no lo hacia por ellos, tan solo eran la escusa. No era una guerra por mis semejantes si no para que, algún día, pueda tenerlos. Una guerra para poder deshacerme de él por completo. Era su guerra.
Fue Jean Rostand quien dijo una vez: "Si matas a un hombre eres un asesino. Si matas a cientos, un conquistador. Si los matas a todos seras un Dios" pero ¿Qué ocurre si lo que matas no son hombres si no dioses? ¿Quizás te vuelvas más humano?. ¿Quizás me vuelva más humano? No lo sé.
Lo único claro que había entonces era que se trataba de una guerra santa. No una guerra del hombre por Dios, esta vez no. Se trataba de una guerra contra Dios. Una guerra santa en la que lucharía un diablo. Nadie me seguiría. Ni habrían mil hombres que conquistasen el infierno si no uno, un solo hombre, capaz de hacer caer las puertas del paraíso.
Sólo yo y el que se esconde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario