quise hacerlo pero parecía divertido cuando ellos lo hacían y si ellos podían hacerlo yo también ¿No?
Cogí una tubería del suelo, dejé de escupir sangre , me esforcé para centrar mi vista y me levanté del suelo dejando atrás un charco de sangre. No sabían que les iba a ocurrir pero quería ver sus caras cuando hundiese aquella tubería en sus cabezas, quería sentir lo que ellos habían sentido dándome una paliza y apaleando a aquel mendigo, seria una muerte irónica y sorprendente.
Me arrastré como pude hasta colocarme detrás de ellos, oculto entre las sombras de los contenedores. Sentía la adrenalina correr por todo mi cuerpo, mi corazón era como un motor acelerando y aumentando las revoluciones. La emoción me embriagaba ya podía sentir sus cráneos hundiéndose con el golpe, podía oír quebrarse los huesos de su columna por la fuerza del impacto. Mierda, solo la idea me estaba poniendo cachondo.
Agarré con fuerza la tubería, me erguí y comencé a hundir toda mi frustración sobre ellos cada golpe que les daba era por cada golpe que ellos me habían dado y no me contenté en devolverles los golpes, no, les di sus intereses, pensé en todas las personas que habían espantado y torturado con sus vidas y decidí arrancarselas, pero no solo eso, disfruté con ello.
A los soldados en el frente les dicen que matar no es pecado si te ves obligado a hacerlo y no te gusta pero yo estaban disfrutándolo, me estaba encantando, cada golpe era como un podido orgasmo. Creía que por aquello, tarde o temprano, acabaría en el infierno pero ellos lo harían antes que yo.
Únicamente quedaban unos harapos ensangrentados y unas botas pero seguía queriendo machacarlos, aquella sensación era como una droga. Sentir como devuelves el golpe a quien te golpea, romper cada hueso de su cuerpo, sentir como con cada golpe te llevas un pedazo de su vida era algo mágico. Ya no quedaba nada, yo me había relajado lo suficiente como para parar de golpear pero aun así seguía queriendo mas. Y entonces lo vi, sentado entre los contenedores, con las nariz rota, y los labios partidos, de aspecto desaliñado y vestido con ropa recogida en ese mismo contenedor, hay estaba, el mendigo a quien había salvado la vida, asustado y temblando, una presa perfecta para disfrutarla. Me levanté y me dirigí hacia él, de camino tire la tubería quería sentir como mis puños machaban sus patético y sucio cuerpo, la emoción me volvía a embriagar. Para el todo se había acabado, no habrían mas cumpleaños, jamas se reconciliaría con su familia, no habrían mas caras felices, ni domingos sentado viendo el partido de fútbol. Lo cogí del cuello y lo levante por encima de mi cabeza. La dominación, el poder, esta fuerza... eran cosas que jamas había sentido...y.... maldita sea..... ¡ME ENCANTABAN! Mire a sus ojos, si iba a matar a alguien no iba a ser un maricón que apartase la mirada, quería vivirlo todo, tanto lo que yo sentía como lo que él. Quería sentir el miedo que veía en sus ojos, las lágrimas apunto de caer, el nudo de su garganta contra mi mano que no le permitía implorar perdón.
!DIOS SÍ¡ El infierno ya podía hacerme hueco por que un nuevo diablo iba a caer ahí.

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